lunes, 5 de noviembre de 2007

Minorías invisibles y olvidadas

Julián Sánchez
El Universal
Miércoles 28 de marzo de 2007

EL CIRUELO, Oax.- "Las minorías no tienen posibilidades, pues en toda sociedad son olvidadas y la de México no es la excepción", dice el sacerdote misionero Glyn Jemmott, quien trabaja en esta localidad del municipio de Pinotepa Nacional.

Para él falta mucho para que el afromexicano sea parte del diálogo, ahora se encuentra en la "invisibilidad, es el ausente, e incluso, no figura en el mapa".

Anallely Rodríguez Torres, junto con sus compañeras Anahí Torralba Loredo y Dania Bracamontes Salinas, cuya escuela se compone de dos cuartos y un aula con techo de palma, coinciden en que una vez que terminen sus estudios, uno de los retos no sólo será irse a otro lugar a estudiar o trabajar, sino enfrentarse al rechazo y la discriminación.

"Nos ven mal, cuando llegamos a ir a otro lado se nos quedan viendo, y nos dicen: ´Esa cubanita´ y no nos creen que somos mexicanas, pero sí nacimos en México, aquí, en El Ciruelo", dice Anallely.

Anahí y Dania intentan matizar: "Pero también hay gente que dice que somos guapas, que tenemos buen cuerpo, que somos muy alegres y que bailamos bien".

Reconocen que sus oportunidades son limitadas. Por ello se van a otras ciudades o a Estados Unidos.

"Quisiéramos una mejor escuela, más espacios para que estemos los jóvenes, como una cancha de futbol rápido, una mejor biblioteca y que mejoren los servicios en nuestra comunidad."

Una broma real

En comunidades de Oaxaca, Guerrero y Veracruz, en las que hay afromestizos o afromexicanos, es popular un chiste: "En el día no nos quieren ver y en la noche de plano no nos ven".

Glyn Jemmott recuerda cuando a plena luz del día le hizo la parada a cinco taxis en el DF, sólo el último aceptó que se subiera.

"No quisiera pensar que fue por ser negro, pero realmente, ¿qué pudo haber sido?".

Los niños lo perciben diferente. "Yo estoy contento", dice El Bolillo, un pequeño de cinco años, que rara vez come carne, leche y huevos. Junto con él está cerca de media docena de niños. "Somos la banda del caribeño", dice.

Ser morenos o negros no les parece extraño. "Así somos la mayoría de aquí", dice El Chato, el mayor del grupo que estudia el tercero de primaria.

Para Marisela Juárez, ama de casa con siete hijos, la realidad es otra. "Estamos dejados de la mano de Dios. Nos faltan muchas cosas, es muy difícil darle de comer a mis hijos, comemos maíz, pero luego ni eso", dice en la entrada de su jacal, donde duermen dos puercos y un perro desnutrido.

http://www.el-universal.com.mx/nacion/149706.html

Afromexicanos, víctimas de pobreza y exclusión

Según un estudio de la UNAM, 73.9% de ese núcleo poblacional carece de servicios médicos; 95% de quienes trabajan no gozan de vacaciones pagadas y 94.3% no percibe aguinaldo

JULIÁN SÁNCHEZ
El Universal
Miércoles 28 de marzo de 2007

Morenos, negros, afromestizos o afromexicanos no son sólo palabras compuestas; se trata de seres humanos quienes conocen que su origen es de África, que fueron traídos como esclavos, y que aquí en México se mezclaron con personas blancas e indígenas.

La mayoría, que se calcula entre 2% y 9% de la población total, radica en los estados de Oaxaca, Guerrero y Veracruz, y aún es víctima de discriminación, condiciones de marginalidad, pobreza y exclusión.

De acuerdo con los resultados de la investigación Procesos de construcción de identidad, condiciones de vida y discriminación: un estudio comparativo de comunidades afrodescendientes en México, 73.9% carece de servicios médicos, de los que trabajan 95% no tiene vacaciones pagadas y 94.3% no recibe aguinaldo.

En el estudio, coordinado por Julia Isabel Flores, del área de Investigación Aplicada y Opinión del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, en Guerrero 80.5% no tiene acceso a servicios médicos; 63.5% en Oaxaca y 26.8% en Veracruz.

Los investigadores agregan que la pobreza, el olvido hacia esta gente y la ausencia de una adecuada educación e incluso la propia necesidad, también deriva en que exista un alto índice de mujeres adolescentes embarazadas, entre los 13 y 15 años.

En este contexto, Yanga, Veracruz, ocupa el primer lugar nacional en embarazos adolescentes.

En la investigación en la que también participaron Mónica Maccisse, Florence Léze y Arturo Mondragón Lule, se integró con 380 cuestionarios de hogar y de opinión. Además se realizaron discusiones con nueve grupos en los que intervinieron mujeres, varones, líderes y jóvenes en tres comunidades y se aplicaron 30 entrevistas de profundidad, entre algunos otros instrumentos.

Los especialistas recogieron los elementos de la organización social (roles, reglas, precedentes y redes) que contribuyen a la cooperación y acción colectiva de beneficio mutuo.

Explora también, los valores, actitudes, normas y creencias que predisponen a la comunidad a realizar este tipo de acciones, señalando los elementos que las obstaculizan.

De ahí, se recoge el hecho de que en general, todos aceptan la denominación de afromestizos, y saben que en la medida en que son una mezcla, consideran que llamarse afromestizos es adecuado, aún más que la denominación afrodescendientes.

La mayoría opina que decirse negros no es despectivo en sí mismo, pero sí depende del tono en el que se diga, para los encuestados y entrevistados, morenos es la mejor palabra para nombrarlos

En su autodescripción las primeras palabras con que se describen son: piel oscura, luego viene el "pelo chino" y "el ser cuculustle, puchungo".

Además resaltan las curvas de la mujer, su buen cuerpo y la nariz chata, piel, pelo y labios gruesos, como cualidades físicas que les sirven para distinguirse.

Algunos afirman que se sienten negros no por el color, sino por los aspectos culturales de la raza. "La gente morena tiene un gran corazón por ser bullangueros, alegres, les gusta cantar y les gusta bailar, el negro se ve en la fiesta".

"Son sociables, amigables, deportistas entre lucidos y fachosos y en general quieren ser el centro de atención. Somos expresivos y nos gusta decir lo que sentimos".

Las mujeres asumen que quien manda es el hombre, dan por hecho que él es el que lleva el control en el hogar y en su propia sociedad, sienten como natural la obediencia hacia el varón.

Perciben entre las desventajas de ser afromestizos: el que no han sabido aprovechar la zona climática ni los recursos naturales que tienen a su alrededor.

Coinciden en que por ser afromestizos y vivir en la zona en la que viven no tienen oportunidades de estudiar, tienen recursos económicos muy escasos y muy poco apoyo gubernamental.

No obstante, el 73.6% dicen que ser negros es de mucho orgullo; poco 15.2%; nada 5.4%; otro 1.6% y no supo 4.2%.

Entre las ventajas señalan la belleza y fortaleza física; buenos para los deportes; fortaleza sexual; buen carácter; buen gusto para vestir; alegría y amabilidad; y capacidad de soportar climas difíciles.

http://www.el-universal.com.mx/nacion/149705.html

Negros de México piden reconocimiento

Se quejan de la ''total ignorancia'' del Estado mexicano sobre la presencia africana

LA JORNADA GUERRERO

miércoles 25 de julio de 2007


Huazolotitlán, Oax., 24 de julio. Más de 100 representantes de organizaciones provenientes de Veracruz, Guerrero y Oaxaca exigieron al gobierno federal el reconocimiento de los derechos de los pueblos negros de México, vivan en el país o fuera de él, y que ello se exprese en una modificación ''en legislación secundaria que posibilite nuestro derecho a la visibilidad''.

Reunidos en la comunidad de José María Morelos de este municipio de la región de la Costa Chica oaxaqueña, como parte del Primer Foro Afromexicano, los participantes hicieron saber a los mexicanos que ''nos hemos sumado a los reclamos de las familias afrodescendientes, comunidades y pueblos negros de México''.

Afirmaron que existe ''una total ignorancia por parte del Estado mexicano para reconocer y valorar la presencia africana y su aportación a la cultura y a la historia de México, actitud que se ve reflejada en la ausencia de un marco jurídico que reconozca nuestros derechos a la identidad y a la diversidad cultural''.

Esto último, agregaron, ''ha derivado en una aplicación de políticas públicas no adecuadas a las características y necesidades de nuestros pueblos, los que se encuentran en una situación de marginación y vulnerabilidad''.

Durante la reunión en la citada comunidad, que por muchos años se llamó Poza Verde -según algunos testimonios los negros que llegaron aquí provenían de Cabo Verde, Africa- y después cambió a José María Morelos, los participantes pidieron al gobierno federal que, en atención a las numerosas contribuciones a la cultura y la historia del país, así como su participación decidida para la conformación de la identidad nacional, debe promoverse ''un cambio constitucional que posibilite nuestro derecho a la visibilidad, a vivir nuestra diversidad sin discriminación y sin xenofobia, a la eliminación de los actos de racismo, y la afirmación positiva de nuestra identidad con una perspectiva de género''.

Entre los asistentes al primer Foro Afromexicano se encuentran los anfitriones, Colectivo Cultural Africa, el Programa Universitario México Nación Multicultural, México Negro AC., Ecosta y la revista Fandango.

También participaron el Museo Regional de las Culturas Afromestizas, Barca-Costa, Música y Baile Tradicional AC, Ojo de Agua Comunicación AC, Centro Profesional de Asesoría, Defensa y Traducción AC, así como investigadores independientes.

Bajo la sombra de una colosal parota, árbol emblemático entre los pueblos negros de la Costa Chica oaxaqueña, pues con sus grandes troncos se construyen las canoas o pangas que se utilizan en la pesca tradicional, principal actividad de sobrevivencia, o como medio de transporte en ríos y lagunas, los participantes en el foro manifestaron:

''Hemos emprendido un trabajo por el reconocimiento jurídico de nuestra existencia como pueblo, en contra de la negación sistemática y por la conquista de un espacio en el mapa cultural de México'', con expresiones como danza, poesía, videos, música y gastronomía.

Los asistentes manifestaron: ''Es necesario que los tres niveles de gobierno atiendan nuestras demandas en términos de educación, salud, nutrición, vivienda, recursos naturales, medio ambiente, economía, cultura y derechos".

En entrevista al concluir el foro, el profesor Israel Reyes Larrea, promotor del acto y presidente del Colectivo Cultural Africa, comentó que uno de los éxitos de la reunión es haber iniciado la formación del Centro de Documentación Afromestiza, con un acervo bibliográfico que incluye alrededor de 20 investigaciones realizadas en la región desde los años 50.



http://www.jornada.unam.mx/2007/07/25/index.php?section=estados&article=041n1est

El vasconcelismo: Desprecio por lo indio (Segunda y última parte)

Rosario Manzanos

México, D.F., 29 de octubre (apro).- La raza cósmica que José Vasconcelos predice implica una fusión, pero una fusión depurada por medio de una selección natural no ya del más fuerte --como postula el naturalista británico Charles Darwin tan criticado por él--, sino por la supremacía del más bello.

Vasconcelos no propugna el asesinato de los seres “inferiores”, como hizo Hitler, sino que dice que éstos elegirán auto-extinguirse.

“Los muy feos no procrearán, no desearán procrear… la escasez de tipos bellos, la miseria que vuelve a la gente fea, todas estas calamidades desaparecerán del estado social futuro… Parecerá un crimen el hecho hoy cotidiano de que una pareja mediocre se ufane de haber multiplicado miseria”. En suma, su filosofía parece llevar a “que se mueran los feos”.

Las circunstancias actuales favorecen el desarrollo de las relaciones sexuales internacionales, lo que, a su vez, favorece la formación de la Raza Cósmica, arguye Vasconcelos. “Los pueblos llamados latinos, por haber sido más fieles a su misión divina de América, son los llamados a consumarla”.

Afirma: Estados Unidos “no ha sido otra cosa que crisol de razas europeas”, ya que allí los negros se han mantenido aparte en lo que hace a la creación del poderío. Luego de Estados Unidos, la nación de más empuje es Argentina, donde se repite la mezcla de razas de origen europeo.

“Es fecunda la mezcla de los linajes similares y es dudosa la mezcla de tipos muy distantes, según ocurrió en el trato de españoles y de indígenas americanos”.

“La misión trascendental” en el mundo correspondió a sajones y latinos, pero los latinos, luego de predominar al comienzo, perdieron terreno a manos de los sajones, en buena medida debido a la “traición” perpetrada por Napoleón quien, al destruir el poderío francés en América, también debilitó a los españoles, contribuyendo al fortalecimiento de Estados Unidos, sostiene Vasconcelos.

Critica que las repúblicas latinoamericanas se hayan “lanzado a hacer vida propia sin atender a los intereses de la raza… No quisieron ni escuchar las advertencias geniales de Bolívar”. Añade que esas “aberraciones” se explican en parte porque los indios no se han terminado de fusionar con los españoles. “Pero esta discordia es más aparente que real. Subsiste la huella de la sangre vertida: huella maldita que no borran los siglos, pero que el peligro común debe anular”.

Un paraíso sin mosquitos

La nueva raza comenzará a cumplir su destino a medida que se inventen los nuevos medios de combatir el calor, afirma en La Raza Cósmica.

La ciencia del hombre blanco se aplicará “a destruir moscas y alimañas, para disipar el bochorno y la fiebre. Entonces, la humanidad entera se derramará sobre el trópico… Los blancos intentarán aprovechar sus inventos en beneficio propio, pero los absorberá la avalancha de los demás pueblos, y deponiendo su orgullo, entrarán con los demás a componer la quinta raza”.

Para el desarrollo de la raza cósmica, no hay, desde luego, problema de superficie, dice Vasconcelos, quien señala además los abundantes recursos naturales y el favorable clima tropical.

“Las grandes civilizaciones se iniciaron entre trópicos y la civilización final volverá al trópico. El panorama de Río de Janeiro nos puede dar una idea de lo que será ese emporio futuro”.

La tierra de promisión estará en la zona que hoy comprende Brasil, Colombia, Venezuela, Ecuador, parte de Perú, parte de Bolivia y el norte de Argentina, asevera.

“Existe el peligro de que la invasión del trópico ocurra antes que la quinta raza acabe de formarse. Si así sucede, por la posesión del Amazonas se librarán batallas que decidirán el destino del mundo. Si el Amazonas lo dominan los ingleses… la aparición de la quinta raza quedará vencida. Pero tal desenlace resultaría absurdo. Los mismos ingleses, en el nuevo clima se volverían mestizos, pero con ellos el proceso de integración sería más lento”, predice Vasconcelos.

“Cerca del gran río se levantará Universópolis y de allí saldrán las predicaciones, las escuadras y los aviones de propaganda de buenas nuevas. Si el Amazonas se hiciese inglés, la metrópoli del mundo ya no se llamaría Universópolis, sino Anglotown, y las armadas guerreras saldrían de allí para imponer el predominio del blanco y el exterminio de sus rivales oscuros.

“La quinta raza no pretenderá excluir a los blancos. No es la guerra contra el blanco nuestra mira, pero sí una guerra contra toda clase de predominio violento. Si no queremos excluir ni a las razas que pudieran ser consideradas como inferiores, mucho menos a una raza llena de empuje y firmes virtudes sociales”, asegura.

“Resta sólo considerar el tercer factor de la transformación, el espiritual. El cruce de razas no va a obedecer a razones de simple proximidad, como cuando el colono blanco tomaba mujer indígena o negra porque no había otra a mano. El cruce de sangre será cada vez más espontáneo, sujeto al gusto; en último caso, a la curiosidad.

“Actualmente, vemos con profundo horror el casamiento de una negra con un blanco; no sentiríamos repugnancia alguna si se tratara del enlace de un Apolo negro con una Venus rubia, lo que prueba que todo lo santifica la belleza. En cambio, es repugnante mirar esas parejas de casados que salen a diario de los juzgados o de los templos, feas en una proporción, más o menos, del noventa por ciento. Si lo que se va a transmitir es estupidez, entonces lo que liga a los padres no es amor, sino instinto oprobioso y ruin.”

Sólo ha faltando el impulso organizador de la nueva especie, el gusto, dice Vasconcelos:

“Por fortuna el don necesario a la quinta raza lo posee en grado subido la gente mestiza del continente iberoamericano.”

Una denominación inadecuada

Fue el presidente argentino Hipólito Irigoyen, quien en 1917 impuso el 12 de octubre como Día de la Raza, como reafirmación de la identidad hispanoamericana frente a Estados Unidos. La propuesta logró luego el apoyo de la mayoría de las naciones del continente, incluyendo Estados Unidos, donde se llama “Día de Colón”. México adoptó la fecha en 1928 por iniciativa de Vasconcelos.

Bajo el reinado de Alfonso XIII, España adoptó en 1918 la denominación de Fiesta de la Raza para conmemorar la llegada de Colón al Nuevo Mundo, aunque en 1958 la cambió por la de Fiesta de la Hispanidad.

El gobierno del actual presidente argentino Néstor Kirchner impulsa una ley para cambiar el nombre de la celebración por el de Día de la Diversidad Cultural. En 2002, el presidente venezolano Hugo Chávez le cambió la denominación al festejo llamándolo “Día de la Resistencia Indígena”. En Chile se llama “Día del Descubrimiento de Dos Mundos”, y en Uruguay, “Día de las Américas”. Brasil no festeja el Día de la Raza.

Aquí no se trata sólo de Vasconcelos, sino básicamente de la América hispanohablante y su sociedad, porque la influencia de Vasconcelos no sólo llega hasta cada rincón de la cultura mexicana, sino que se ha extendido mucho más allá de las fronteras de la nación.

Cuando en 1920 el presidente Álvaro Obregón designó a Vasconcelos como ministro de Educación, introdujo una nueva era cultural en México y, a través de su influencia revolucionaria, en toda América Latina, dice el filósofo mexicano Leopoldo Zea (“Conciencia y Posibilidad del Mexicano”).

“Con su teoría de la tercera etapa (estética) de la evolución humana, Vasconcelos puso las artes visuales al servicio de la revolución”, agrega Zea. (Es la época dorada del muralismo de Rivera, Orozco, Siqueiros y Tamayo, y la de Frida Khalo, con su adopción de atuendos indios.)

En 1931 la Revue de l'Amerique Latine, de Francia, calificaba a Vasconcelos de “apóstol”. Y ha sido llamado “maestro de las juventudes de América”. Pero, ¿apóstol y maestro de qué?: ¿De racismo?

Salvo saludables ejemplos aislados, es notable la ausencia de condena o cuestionamiento a su doctrina racista.

Uno de sus más destacados críticos fue el muralista mexicano y militante comunista David Alfaro Siqueiros. Por su parte, Editorial Porrúa, que publicó La Raza Cósmica, califica a Vasconcelos como “egregio mexicano”, aunque también dice que “acabó haciendo paladina profesión de fe católica, sin ruborizarse por sus coincidencias con algún régimen totalitario”.

Fue Vasconcelos quien acuñó el lema “por mi raza hablará el espíritu” que la Universidad Nacional Autónoma de México ostenta hoy, sin que aparentemente sus implicaciones sean mayormente puestas en tela de juicio.

Luego de que los nazis asesinaran a millones de seres “inferiores”, hicieran jabón con su gordura, pantallas de veladoras con su piel y cremaran sus cuerpos en hornos, Vasconcelos repudió todo lo que hubiese escrito que fuera contra de la fe católica y, según una versión, “aclaró” que en realidad lo que había querido decir es: “por mi raza hablará el Espíritu Santo”.

http://www.proceso.com.mx/columna.html?col=13&nta=54799&ncol=Reporte

El vasconcelismo: desprecio por lo indio (Primera de dos partes)

Rosario Manzanos

México, D.F., 22 de octubre (apro).- Es tradicional asociar a José Vasconcelos, artífice de la cultura mexicana moderna, con la glorificación de los pueblos precolombinos e imágenes idealizadas de emperadores indios como titanes de puños de acero, y de bellísimas reinas de curvas sensuales.

Sin embargo, basta una hojeada a su libro La Raza Cósmica, publicado en 1925, para ver que, por el contrario, sentía un profundo menosprecio por las civilizaciones indígenas. Afirma ahí que parte de la mítica Atlántida --un continente de cuya existencia no se conoce ni la más remota prueba científica-- estuvo ubicada hace miles de años en lo que hoy es América, antes de desaparecer misteriosamente.

“La raza atlántida prosperó y decayó en América. Después de un extraordinario florecimiento… fue decayendo hasta quedar reducida a los menguados imperios azteca e inca, indignos totalmente de la antigua y superior cultura”, sostiene.

Vasconcelos parece no tener en cuenta las extraordinarias creaciones arquitectónicas, escultóricas y pictóricas de olmecas, toltecas, mayas, teotihuacanos e incas --para nombrar sólo algunas culturas indígenas-- ni la perfección de la lengua náhuatl (hablada por los aztecas) o la quechua, de los incas). Parece ignorar la poesía sublime del rey texcocano Nezahualcóyotl, que tanto tiempo ha permanecido semioculta debido a la escasez de propaladores como fray Bernardino de Sahagún (Historia General de las Cosas de la Nueva España) y su moderno continuador, el sacerdote y estudioso Ángel María Garibay (Historia de la Literatura Náhuatl, entre otras publicaciones).

Asombra su ignorancia científica y la osadía de sus argumentaciones. Y no sólo cuando habla de “leyes” de fusión racial. Si, como sostiene, la Atlántida alguna vez existió y luego desapareció, debió haber sido durante la deriva de los continentes, es decir, decenas o cientos de millones de años antes de que existiera el ser humano.

En su libro pronostica que las cuatro razas --negra, roja, amarilla y blanca-- se encaminan a fusionarse en una sola raza superior que florecerá en América y tendrá todas las virtudes de cada una de las razas componentes, y ninguno de sus vicios, ya que no se basará en los “bajos instintos zoológicos” sino en el “instinto de la belleza”.

Afinidad con el nazismo

La filosofía de Vasconcelos presenta inquietantes coincidencias con la de Adolfo Hitler, el líder de la Alemania que exterminó hasta 1945 a varios millones de hombres, mujeres, y niños indefensos por considerarlos “de raza inferior”.

En 1940 --en plena segunda Guerra Mundial-- Vasconcelos escribía en la revista pro-nazi Timón, presuntamente financiada por la Alemania de Hitler.

No se trata de negar el inmenso impulso que Vasconcelos dio a la educación en una nación cuyos indicadores culturales dejaban --aun hoy-- muchísimo qué desear. Pero, uno de los puntos cruciales es ver de qué educación se trataba. Probablemente, en la Alemania de Hitler no faltaba presupuesto para escuelas.

La mayoría de las naciones hispanoparlantes acaba de celebrar el 12 de octubre el Día de la Raza, para conmemorar la fecha en que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo. Sin embargo, para muchos ese acontecimiento marca el comienzo del exterminio de millones de seres humanos y de un genocidio cultural por medio del “cubrimiento” de América.

Vasconcelos dice que “una religión como la cristiana hizo avanzar a los indios americanos, en pocas centurias, desde el canibalismo hasta la relativa civilización”.

Es cierto que algunos historiadores calculan que los sacrificios humanos perpetrados por los aztecas alcanzaban decenas de miles por año. Además, es sabido que se comían a los cautivos de guerra. Pero Vasconcelos no menciona que ya en 1552 Bartolomé de Las Casas (Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias) denunciaba que las “tiranías e infernales obras de los cristianos” cobraron la vida quizá de más de 15 millones de indios.

Vasconcelos tampoco dice que la civilización traída por España, incluía el Tribunal de la Inquisición, mediante el cual la Iglesia católica enviaba a los “herejes” a la hoguera. (Aún hoy se distribuyen en la catedral y otras iglesias de México folletos firmados por un tal “Pedro Sembrador” que minimizan los crímenes cometidos por la Inquisición.)

La práctica de quemar seres humanos era común en la España de entonces. En una de sus cartas al emperador Carlos V, Hernán Cortés cuenta cómo envió a la pira a 17 súbditos del ya prisionero emperador azteca Moctezuma. (Notablemente, el cronista de Indias, Antonio de Solís, se limita a decir que fueron quemados sus cuerpos, sin aclarar que estaban vivos).

Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés, refiriéndose a ése y otros sucesos, relata en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España cómo les derribaban a los indios “sus malditos ídolos” y añade: “digo que nuestros hechos que no los hacíamos nosotros, sino que venían todos encaminados por Dios”.

Cortés cuenta también cómo ordenó amputarles las manos a 50 espías tlaxcaltecas:

“Los mandé tomar a todos cincuenta y cortarles las manos, y los envié que dijesen a su señor que de noche y de día y cada cuando él viniese, verían quiénes éramos.”

Vasconcelos no está solo

El autor de La Raza Cósmica no es el único que elogia los efectos del cristianismo sobre los indios: Fray Toribio Motolinía --el “defensor de los indios” que criticaba fieramente al padre De Las Casas-- escribió en 1555 una carta a Carlos V en la que decía que “los indios de esta Nueva España están bien tratados” y que Cortés tenía “muy gran deseo de… morir por la conversión de estos gentiles”.

El mismísimo Sahagún --quien en su monumental obra ofrece, entre otros aspectos, el punto de vista de los vencidos-- afirma que por el brazo de Cortés “hizo Dios nuestro señor muchos milagros en la conquista de esta tierra… para que los predicadores del Santo Evangelio entrasen a predicar la fe católica a esta gente miserabilísima…”

“La raza redentora”

Ahora bien, aun cuando Vasconcelos sostiene que aztecas e incas eran indignos de su pasado de la Atlántida, dice también que pueden “redimirse”. ¿Cómo? Muy sencillo: Cuando se fusionen con las otras razas para crear una sola raza síntesis. Pero, ¿de qué tienen que redimirse las cuatro razas actuales?

Refiriéndose al indio, dice: “supo tanto, hace tantos miles de años, y ahora parece que se ha olvidado de todo”, y agrega que no tiene otro camino que el de la civilización latina por medio del “injerto” en la raza cósmica.

Agrega que en algunas décadas de “eugenesia estética podría desaparecer el negro, junto con los tipos que el libre instinto de hermosura vaya señalando como fundamentalmente recesivos e indignos… de perpetuación”. El negro está “ávido de dicha sensual, ebrio de danzas y desenfrenadas lujurias”.

Llama a la sajona “raza prodigiosa” y dice: “parece que Dios mismo” conduce sus pasos. Sin embargo, la raza sajona cometió el pecado de destruir a otras razas… los días de los blancos puros están contados… Al cumplir su destino de mecanizar el mundo, ellos mismos han puesto, sin saberlo, las bases de… la fusión y la mezcla de todos los pueblos… Tampoco es fácil convencer al sajón de que si el amarillo y el negro tienen su tufo, también el blanco lo tiene para el extraño.”

De los malayos, dice: “se asegura que nadie les gana en cautela y habilidad, y aun, si es necesario, en perfidia.” También afirma: “no es justo que pueblos como el chino, que bajo el santo consejo de la moral confuciana se multiplican como los ratones, vengan a degradar la condición humana”.

http://www.proceso.com.mx/columna.html?col=13&nta=54592&ncol=Reporte

Desafío: Racismo que ciega

02 Noviembre 2007
Actualizado: 10:42 PM hora de Cd. Juárez
Rafael Loret de MolaAnalista político

Distrito Federal— Cada vez son más frecuentes las manifestaciones de xenofobia en las naciones más desarrolladas. Pese a ello, los medios informativos de cada región suelen soslayar el hecho en el mismo nivel como se oculta la violencia en algunas comunidades del país bajo el supuesto de evitar desbandadas por el desprestigio. Lo anterior no es óbice para registrar la tendencia, que salta a la vista, cuando, al mismo tiempo, se insiste en la necesidad de integrar en un mundo globalizado en el que las fronteras sólo producen muertes y no sirven para detener los grandes flagelos de la humanidad: ni el narcotráfico ni el terrorismo.

Los xenófobos, por lo general, abrevan en las fuentes del fascismo aunque ni siquiera lo noten. En los Estados Unidos, en donde los políticos salvaguardan el establishment por considerar que ejerce como baluarte de la democracia universal –pese a ello no explican por qué el modelo permite la sucesión gregaria y el consiguiente éxito de los “trusts” políticos–, el pretexto para encender más los ánimos contra los inmigrantes ha sido, sin duda, las amenazas fundamentalistas que han exaltado el espíritu belicista no sólo de los cuadros oficiales. A partir de septiembre de 2001, tras los bárbaros atentados en Nueva York, fue evidente que se recrudeció un hondo sentimiento de nacionalismo cuyo reverso es, por supuesto, la xenofobia exaltada que lleva a tratar como presuntos delincuentes a cuantos no sean miembros de la comunidad ya no digamos a los extranjeros, incluso los turistas, que jamás están preparados para sufrir, en carne propia, discriminaciones y desplantes.

En la Unión Europea el fenómeno se extiende por otros cauces. La inmigración incontrolable desde áfrica, Europa del Este y Sudamérica, sobre todo, va camino de causar un serio conflicto social. Por una parte, los gobiernos estiman necesaria la mano de obra que les llega del exterior porque se ocupa de las tareas más lacerantes –lo mismo que en los Estados Unidos–, mientras la población nativa goza de ventajas como una mayor remuneración y mejores servicios por labores menos duras. Por la otra, los nacionales se incomodan por el disparo en los índices delictivos y, sobre todo, la arribazón de verdaderas mafias de extranjeros –como las rumanas y las búlgaras–, especializadas en la trata de blancas, el tráfico de cocaína y los robos callejeros. Ello ocasiona, por supuesto, un rechazo automático a quienes se presentan con estas nacionalidades conflictivas aun cuando, por supuesto, la generalización sea por demás injusta.

El hecho es que una buena parte de los delitos de género –en España se han asesinado a sesenta y dos mujeres por sus parejas en lo que va del año–, y de los hurtos registrados en casas habitación son cometidos por inmigrantes. Y ello, por supuesto, enciende las alertas y genera las reacciones xenófobas que se unen a los llamados vindicatorios de los antiguos regímenes fascistas –como el franquismo al que se honra cada 20 de noviembre, la fecha de la muerte del ominoso “caudillo”, en el Valle de los Caídos, su inmenso mausoleo–, cada vez más frecuentes y con convocatorias al alza.

No es apresurado decir que el efecto nacionalista, encendido por los regionalismos exacerbados, tiende a acelerar las confrontaciones con buena dosis de violencia, máxime en países con brotes independentistas por doquier. En la pequeña Bélgica, por ejemplo, los flamencos estarían dispuestos a separarse a la primera oportunidad pulverizando todavía más su territorio. Y así en cada uno de los países de una Unión que es defendida globalmente aunque los intentos de desintegración avancen peligrosa y provocadoramente. No se diga en España en donde catalanes y vascos ya no quieren sentirse ni ser nombrados españoles.

Debate.- Las agresiones se repiten y cada vez son más graves. Hace unos días, en el barrio de Chamartín, uno de los de mayor nivel de Madrid y próximo a una de las estaciones ferroviarias de la capital, un grupo de “neonazis”, con suásticas sobre sus chamarras negras y las cabezas rapadas, golpearon salvajemente a cuatro jóvenes extranjeros, dos de ellos de color, sin más motivo que su fobia, esto es, por el solo hecho de habérselos encontrado a su paso. Al publicarse el incidente se sumó la verdad: por el mismo rumbo, esto es, a la salida del metro “Alfonso XIII” –el nombre también cuenta–, se han suscitado decenas de incidentes similares sin que se hayan divulgado. Y sucedió que, luego de una agresión videofilmada en el subterráneo de Barcelona –la de un enloquecido sujeto que pateó a una niña ecuatoriana en un vagón semivacío, con un solo testigo, un muchacho argentino que optó por hacerse el desentendido–, el tema cobró vuelo y volvió a ser “noticia”. De allí la información respectiva.

Pese al hermetismo, justificado para no publicitar a los exaltados y evitar reincidencias según dicen, los hechos se repiten escandalosamente aun cuando las autoridades insisten en el imperativo de integrar para lograr una convivencia pacífica y digna. Nada más alejado de la realidad. Incluso hay una campaña publicitaria que presenta a los inmigrantes como soluciones para cubrir puestos y plazas poco remuneradas pero indispensables, haciendo sentir que sin este apoyo la economía general sufriría un severo quebranto. Lo mismo que sucede en los Estados Unidos respecto a los mexicanos sin cuyos esfuerzos, por ejemplo, no podrían funcionar los servicios públicos en un buen número de urbes.

En España llama la atención el flujo incesante de sudamericanos, sobre todo ecuatorianos, dominicanos, peruanos y ahora colombianos –acaso por otros motivos, como el del creciente tráfico de estupefacientes–. El fenómeno se explica porque para ellos resulta más accesible cruzar el océano y no la inmensidad del territorio continental considerando además los severos obstáculos que encuentran a su paso. Los mexicanos no son un problema migratorio en Europa porque, desde luego, la vecindad con la mayor potencia de todos los tiempos es una especie de aspiradora de ilegales a quienes se deslumbra con los escenarios consumistas, aun cuando se les mantiene en la clandestinidad para ahorrarse buena parte de sus salarios –mucho menores a los de los estadounidenses que realizan las mismas tareas–, en un contaminado ciclo productivo: luego las mercancías, abaratadas, desplazarán a las de México que no pueden competir en igualdad de condiciones sobre todo en costos y precios finales.

La emigración “ilegal” suele ser un buen negocio para los contratantes protegidos por el sector público. La avaricia y la hipocresía se unen.

El reto.- Me preguntan si en México no hay grupos xenófobos que reaviven la hoguera nefasta del fascismo. Y no los hay si nos concentramos en los llamados “skinheads” como distintivos de la intolerancia acelerada por el agobio del terror permanente. En cambio no puede negarse que confrontamos una permanente discriminación como efecto de la profunda división de clases. El desdén hacia las etnias indígenas y los marginados es tan frecuente que ha pasado a ser rutinario, no sólo un tópico sino, sobre todo, la expresión palpable de las grandes simulaciones nacionales.

Son pocos, poquísimos, quienes cuentan con servicio doméstico y son capaces, por ejemplo, de invitar a sus empleados a compartir con ellos la mesa, incluso a comer lo mismo. Bastaría hacer un profundo acto de contrición para corroborar nuestro aserto muy a pesar de los decantados preceptos cristianos que dicen respetar la mayor parte de los mexicanos. La realidad es bien distinta a cuanto se expresa sobre el entramado de las justificaciones.

Del malinchismo que recoge una malhadada sumisión a los foráneos, al chovinismo que exalta los nacionalismos exacerbados no hay más que una delgada línea. Y ésta se rompe a cada rato para mostrar el rostro intolerante de una comunidad cuya pluralidad acaso es fruto de los prejuicios y no tanto de la idiosincrasia regional. Observemos esta perspectiva para, siquiera, no caer en la falacia de negar nuestros propios pecados a la vista de los de los demás.

La anécdota.- En Mérida, la de Yucatán, se da un singular fenómeno que exalta la división clasista. La urbe está, de hecho, dividida en dos: en el sur se agolpan quienes viven en el linde de la pobreza o más debajo de éste; y en el norte, en cambio, surgen los fraccionamientos de lujo con todas las comodidades imaginables y una peculiar fruición por lo ostentoso.

Alguna vez, con motivo del aniversario 450 de la fundación de la llamada ciudad blanca, me permití sugerir, en un espacio compartido con valiosos intelectuales yucatecos incluyendo al extinto Carlos Castillo Peraza y al periodista Eduardo Huchim, compilador del texto –“Mérida, Ayer y Hoy”, Grupo Corme, 1992–, que existía una especie de frontera a lo largo de la calle 47 que marca el final del bello Paseo de Montejo. (Por cierto, que sepamos sólo aquí se honra a los conquistadores, los Montejo, como fuentes del mestizaje). Los ricos no pasan la línea imaginaria de la pobreza salvo cuando deben acudir al centro para realizar alguna gestión; y los pobres sólo se animan a pasarla durante los fines de semana cuando los de altos ingresos se van a las playas.

domingo, 4 de noviembre de 2007

El EZLN y Chiapas

CARLOS MONTEMAYOR

La aparición del EZLN enfrentó a México súbitamente con una realidad militar e ideológica difícil de aceptar. Teníamos varias alternativas para explicarnos el conflicto armado de las primeras horas de 1994. Podíamos darnos explicaciones válidas o espurias. Explicaciones para justificar, ocultar o reconocer situaciones políticas y sociales en que vivimos. De la claridad con que viéramos las distintas dimensiones del conflicto dependería la posibilidad de su comprensión y solución. Cada una de esas dimensiones encerraba, además, como en círculos concéntricos, diversos elementos particulares o generales, a escala nacional o continental, que hacía de Chiapas tan sólo un punto extremo de un mismo proceso que nos afectaba a todos.

En efecto, cualquier conflicto armado provoca una demostración oficial inmediata y una represión no menos vertiginosa. La descalificación es la primera arma que se esgrime contra un levantamiento popular, urbano, campesino o indígena; la segunda arma es la policiaca o la militar. Y se descalifica negando, o intentando negar, su naturaleza, sus causas, su magnitud o su profundidad social. Se bloquea o confunde la información para dar paso a una versión oficial de acuerdo con las buenas conciencias del poder político, económico o prestigioso del país. Pero los mexicanos podíamos darnos la oportunidad ahora, darnos el derecho ahora de enfrentar críticamente esas dimensiones sociales y políticas que la madurez civil nos exigía y apartar el temor a mirarnos a los ojos, a descubrir nuestro rostro actual.

El primer riesgo de una explicación espuria era reducir todo a un conflicto militar, particularmente por la cicatriz indeleble que dejan las soluciones militares en los pueblos campesinos e indígenas de México. He dicho ya que es más fácil pasar inadvertido en las calles de una gran ciudad que en las sierras indígenas de México. Debíamos reconocer, pues, que el levantamiento contaba con el apoyo de las comunidades indígenas de esa zona porque lo encubrieron, protegieron o ayudaron a lo largo de años. Y sería ilusorio creer que los indios lo apoyaron por su inocencia y analfabetismo, o porque alguien les hubiera leído en voz alta un breviario ideológico o los hubieran amenazado o reclutado a centenares como en la leva porfirista. La disposición de comunidades enteras para apoyar un movimiento así, al menos con el silencio, la provocan y explican agitadores sociales muy evidentes en Chiapas: el hambre, el despojo, la represión, la cerrazón de autoridades políticas y judiciales, la presión de ganaderos y terratenientes. Casi 80% de la población de las zonas en conflicto no tiene drenaje, agua entubada y potable, luz eléctrica, sistemas hospitalarios, comida. Debíamos comprender ya que la extrema pobreza puede alguna vez marcar la disposición a la violencia.

Pero debíamos reconocer otro hecho: que los terratenientes, ganaderos y ciertos políticos de la comarca han acrecentado su poder a costa de los campos, los bosques y las selvas indígenas. Las comunidades han reclamado durante años este despojo en vano y la lucha por la tierra es el origen principal de desequilibrio social en ese estado. El despojo agrario y la miseria extrema son los dos aspectos fundamentales de ese desequilibrio en Chiapas. Sin reconocer ambos aspectos, no estaríamos en posibilidad de entender las condiciones de su solución.

Porque precisamente los esfuerzos visibles de negociación por parte del gobierno federal a través de la Secretaría de Desarrollo Social, el Instituto Nacional Indigenista o el Sector Salud, por ejemplo, solucionarían sólo una parte del rezago económico indígena al dotarlos de energía eléctrica, drenaje, caminos, educación o servicios de salud. Pero los conflictos agrarios no son competencia de esas instituciones federales: para resolver éstos se requiere de un cese radical en la expansión y actitud agresiva de los terratenientes, ganaderos y políticos de Chiapas. Sin cubrir ambos aspectos la solución siempre sería parcial; es decir, no sería solución.

La tierra para las comunidades indígenas no es sólo un asunto de productividad y ompetitividad: es la razón esencial de su conocimiento de la vida, es el suelo que las ata a la vida, que las une al mundo invisible y al mundo visible, que las une con la comunidad ancestral de hombres y dioses, que contiene la raíz de sus valores éticos, económicos, familiares; que es el soporte de su cultura. Por ella siempre han sido capaces de dar la vida. Por ella son capaces de apoyar, cuidar, encubrir o sumarse a un movimiento armado que osa enfrentarse al gobierno y al ejército nacional. Todos los mexicanos de las ciudades desconocemos que para las comunidades indígenas, para los campesinos empobrecidos, desde hace décadas la palabra gobierno es sinónimo de soldado. En el universo del lenguaje indígena y campesino el gobierno es el ejército, la policía o cualquier control visible de fuerza. Y desde la más tierna infancia aprenden a incluir en la palabra a las otras autoridades que no apoyan, ni apresuran ni escuchan sus demandas legales.
En su universo de lenguaje, levantarse contra el "gobierno" no es un asunto de candidez, sino de acorralamiento. Por tanto, con reducir el conflicto de Chiapas a su dimensión militar, o con aniquilar o neutralizar al grupo central o más altamente adiestrado del EZLN, no estaríamos solucionando el conflicto social en que se produjo o se incubó el apoyo al grupo armado. No debíamos minimizar tampoco la capacidad de convocatoria de los insurrectos, así fueran nacionales o extranjeros, sobre todo en el continente que se ha regido por el intervencionismo norteamericano: Estados Unidos ha siempre asesorado y financiado las estrategias contraguerrilleras en muchos de nuestros países.

Pero hay otra dimensión mayor que engloba este conflicto y que lo ilumina desde otros ángulos de la realidad nacional e incluso continental: el racismo. Chiapas es solamente el punto extremo de la discriminación racial que padece el indígena en México. Sólo un prejuicio racista tan arraigado como el que prevalece en la mayoría de los ganaderos, empresarios y políticos chiapanecos, y aun en gran parte de la población mestiza de clase media, puede explicar la falta absoluta de respeto por el patrimonio, la vida, la salud, la educación, la alimentación, la cultura y las tierras, los bosques y las selvas de las comunidades indígenas. Los ganaderos de las zonas en conflicto han pedido durante los últimos diez años que el ejército mexicano entre a sofocar toda resistencia agraria de los indios. Vocación tan sanguinaria floreció entre los encomenderos y estancieros de los siglos XVI y XVII. La superación de ese racismo tan atrasado en Chiapas requiere de una madurez civil, inteligente, política, para aceptar que el mestizaje es una realidad vital en México y en nuestro continente. El desprecio taimado o abierto que en la sociedad mexicana aún se siente contra el color de la piel, el lenguaje y los rasgos indígenas, nos indica que aún no resolvemos nuestro mestizaje ni nuestra admiración o respeto por las culturas que florecieron aquí antes de que incluso la lengua española existiera en el mundo.

Nuestro destino no puede ser el de la barbarie racista que en Europa ha ensangrentado la tierra de la vieja Yugoslavia o que otros europeos llevaron a Sudáfrica. No puede ser tampoco el de Estados Unidos, que optó por exterminar a la población indígena y que aún no resuelve la sucesiva discriminación racial contra la población negra y las minorías asiáticas e hispanas. El mestizaje es nuestra vida, el camino para reafirmar la libertad de los pueblos y culturas que deben acrisolarse en México. Es un asunto de todos, una responsabilidad de todos. El México profundo otra vez nos avisaba que estábamos lejos de nuestro cabal desarrollo; nos decía, otra vez en su sangre derramada, que debíamos recomenzar.

He mencionado ya que poco antes del término de su mandato, Carlos Salinas de Gortari reveló en una entrevista con Regino Díaz Redondo, director del periódico Excelsior, su opinión personal sobre el conflicto chiapaneco. Para él se trató de un alzamiento provocado por los intereses de un grupo político que se propuso en vano desestabilizar su régimen e impedir las elecciones del 21 de agosto. Con tamaña deformación de la realidad política era claro que no se sentía obligado a tomar en serio ninguna medida de fondo. Por ello el rezago agrario no era importante; ni los despojos ejidales; ni la creación de ejidos artificiosos y tendenciosos como el Thomas Münzer; ni la existencia de haciendas con cepos, cárceles y guardias blancas; ni la nula procuración de justicia para los indígenas reprimidos, explotados y despojados; ni la necesidad de crear municipios indígenas; ni la necesidad de modificar sustancialmente el Congreso local para una representación indígena; ni la discriminación racial misma. Como los problemas agrarios eran, a fin de cuentas, inexistentes, tampoco podían aducirse como causas de la violencia.

Reconoció, ciertamente, la pobreza extrema y la marginación de la zona, pero las rechazó como causas suficientes para el levantamiento armado. Por tanto, si no reconoció ninguno de estos datos sociales como causas de la insurrección, sólo quedó una: la manipulación de grupos de poder que se proponían objetivos oscuros y turbios de desestabilización de su régimen.

Esos grupos podrían formar parte del propio sistema político mexicano, pertenecer al narcotráfico o estar vinculados con el episcopado de San Cristóbal de las Casas. Al eliminar como causas del levantamiento los motivos agrarios, económicos y políticos, minimizó la dimensión del conflicto de dos maneras. Primero, lo redujo solamente a la función del núcleo armado ("expertos de la violencia", como les llamó) y perdió de vista la presencia y la dinámica social de las comarcas indígenas que lo encubrieron, ayudaron y apoyaron silenciosamente durante años.
Segundo, redujo también la aparición del núcleo armado solamente a sus posibles nexos con grupos de poder político o eclesiástico y perdió de vista otra vez que el apoyo de las comarcas indígenas tenía claramente otro tipo de causas. Este reduccionismo fue el más grande error, pues minimizar la valla social que protege y apoya al EZLN equivale a eliminar ilusoriamente un rasgo que es suficiente para considerar este levantamiento también como social, indígena y campesino. Este reduccionismo se liga con otro error: creer que entre el EZLN y esa "larga y profunda injusticia" social no hay ninguna conexión real. De ahí puede derivarse, por último, la resistencia oficial a creer que el EZLN enarbola valores de cambios y transformaciones integrales de orden social, económico y político que una gran parte de México quiere y expresa a través de la lucha de sindicatos, manifestaciones agrarias, protestas poselectorales y opinión pública. Por ello la única medida que el gobierno tomó cuidadosa e ininterrumpidamente fue la militar. La concentración de destacamentos militares en Chiapas ha sido inmensa, incuantificable. El Ejército Mexicano mantiene el cese al fuego, es cierto, pero detrás de ese tenso silencio sus destacamentos han aumentado ahí desmedidamente. Con cuidado y tesón se han venido tomando estas medidas militares; con el mismo cuidado y tesón deberíamos haber aplicado medidas para resolver rezagos agrarios, reconocer y resolver conflictos de tierras, procuración de justicia para indígenas o apertura política.

Quizás resulte interesante señalar que el 3 de enero de 1994 el Departamento de Estado informó en Washington que su embajador en México, James R. Jones, había enviado un día antes un equipo de cinco personas a Tuxtla Gutiérrez y a San Cristóbal de las Casas para "evaluar" la situación y la condición de los estadounidenses que permanecían en la zona. Sin embargó, la embajada de Estados Unidos en México había mostrado preocupación desde el año anterior, cuando dos de sus funcionarias, Singrid Arzt y Kathleen Olson, integrantes del área de análisis político, viajaron a Chiapas, el 9 de agosto, para, según explicaron en ese momento, conocer las condiciones en que vivían los refugiados guatemaltecos y la ayuda proporcionada por el gobierno mexicano. Durante cinco días visitaron campamentos ubicados en Las Margaritas y La Trinitaria y hablaron con autoridades del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Pero el día 11 se entrevistaron con representantes de agrupaciones indígenas y campesinas de Ocosingo y Altamirano en busca de información sobre posibles guerrilleros en Chiapas, aunque nunca admitieron que ese fuera el objetivo de su visita. Ricardo Alemán, en una nota aparecida en La Jornada el 14 de agosto de 1993, reveló que el diputado local Roberto Fuentes Domínguez reconocía que ése era el motivo de la misión diplomática y que por ello había declarado a la prensa chiapaneca el viernes 13 lo siguiente:
Los diplomáticos comprobaron que es falso que existan campos de adiestramiento de guerrilleros en Chiapas, como se ha especulado, y se llevaron una buena impresión de la situación de paz y tranquilidad en la que vive el estado.

Pero entender la relevancia del EZLN implicaba –o mejor, implica– reconocer que la insurrección no se inició el 1¼ de enero de 1994, sino varias décadas antes. México ha vivido en estado de guerra de manera casi ininterrumpida al menos desde el amanecer del 23 de septiembre de 1965, cuando un grupo de jóvenes guerrilleros quiso tomar por asalto el cuartel militar de Ciudad Madera, población de la sierra de Chihuahua muy cercana a los límites del estado de Sonora. El amanecer zapatista del 1° de enero de 1994 en los Altos de Chiapas comenzó ese amanecer del 23 de septiembre de 1965 en la sierra de Chihuahua. Señalo esta fecha por la continuidad de las luchas armadas que vivió el país entero durante los siguientes casi treinta años, aunque en la década de los cincuenta el estado de Morelos fue escenario de otro importante movimiento guerrillero encabezado por Rubén Jaramillo, movimiento también de raigambre zapatista y de bases campesinas e indígenas. Durante el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964) este guerrillero depuso las armas, fue amnistiado, recibido en Palacio Nacional para una especie de ceremonia oficial de conciliación y poco después traicionado y asesinado arteramente por un grupo de soldados en los alrededores de Xochicalco. El asesinato de Rubén Jaramillo fue uno de los acontecimientos que más recordarían los grupos armados de origen campesino e indígena y su propio nombre aparecería ligado en décadas posteriores a varios movimientos de importancia, fundamentalmente en el estado de Morelos, aunque relacionados en distintos momentos con grupos como el Partido Revolucionario Obrero Campesino Unión del Pueblo (PROCUP) y el Partido de los Pobres (PDLP) de Lucio Cabañas.

A partir de 1965 se inició en diversas zonas de México una lucha de numerosos movimientos armados que quizás alcanzó su fase más intensa de 1971 a 1977. Estos movimientos no desaparecieron del todo durante la década de los ochenta, puesto que varias de esas agrupaciones intervinieron activamente en las zonas de las cañadas de Chiapas y su trabajo de organización fortaleció las bases que posteriormente serían del EZLN. No es posible, sin embargo, señalar una línea divisoria clara entre los grupos propiamente armados y las organizaciones populares activas, cambiantes y complejas que enarbolaron reivindicaciones agrarias, magisteriales o sindicales. La insurrección armada de Rubén Jaramillo fue resultado de la radicalización de la lucha cañera en Morelos; los guerrilleros de 1965 en la sierra de Chihuahua fueron resultado de la radicalización de cierto grupo de un mucho más vasto y complejo movimiento campesino que desde 1959 comenzó a manifestarse, cohesionarse y extenderse por varias zonas de los estados de Sonora, Chihuahua y Durango, algunos de cuyos lideres y organizaciones se mantienen activos y combativos (en cauces legales hoy, ciertamente, pero combativos al fin); los movimientos guerrilleros de Genaro Vásquez Rojas y de Lucio Cabañas fueron resultado de la radicalización provocada por la represión del gobierno del estado de Guerrero y las fuerzas caciquiles que asfixiaban demandas agrarias de la Costa Grande guerrerense y de la sierra de Atoyac, represión violenta que durante 1995, en las mismas zonas y contra campesinos otra vez inermes, ahora en Aguas Blancas, se ha vuelto a manifestar impunemente. Por lo tanto, debemos tomar en cuenta que organizaciones armadas como las que acabo de enlistar, han formado parte o se han radicalizado al paso de movimientos sólo u originalmente populares. La presencia de estos movimientos ha sido notable y ha exigido el despliegue durante varios años de las fuerzas militares y de corporaciones policiacas especiales. Son ejemplo sobresaliente de la capacidad de lucha y del silencio oficial que se ha guardado en México durante décadas.

Carlos Montemayor, "El EZLN y Chiapas", Fractal n° 8, enero-marzo, 1998, año 2, volumen III, pp. 95-104.