lunes, 5 de mayo de 2014

NAZIS ENTRE NOSOTROS

por Pedro Salmerón Sanginés *

Quizá porque lo prologaba José Vasconcelos y yo aún no conocía del todo la trayectoria del ilustre oaxaqueño, hace más de veinte años leí, con creciente sorpresa, Derrota mundial, de Salvador Borrego E. Ya entonces, su apología de Hitler y del nacionalsocialismo, su rabioso antisemitismo, su negación del holocausto (“holocuento”, dice él), me parecían argumentos de ultratumba. Me sorprendía, sin embargo, la cantidad de ejemplares vendidos de ese libro y otros más sobre la gran-conspiración-judeomasónica y sus fundamentaciones del nazismo criollo. De ultratumba, de otro tiempo me parecían.

De ahí mi sorpresa infinita cuando descubrí que el autor de aquellos increíbles tabiques sigue vivo y activo, muy activo, dando cursos de capacitación política en… sí, adivinó usted, lectora, lector amigo: en el PAN del estado de México (cuyo dirigente ya había hecho explícita su admiración por Adolfo Hitler, Francisco Franco, Gustavo Díaz Ordaz y Augusto Pinochet Ugarte).

La nota es increíble (consúltela aquí). En ella se reporta la manera en que ante un auditorio de connotados panistas, que lo escucharon el 25 de mayo en Metepec, Borrego expuso sus tesis sobre la conspiración citada y la destrucción de occidente que se desprenderá de la “derrota mundial” de los heroicos y “viriles” nazis en la segunda guerra mundial, a menos que hagamos algo para impedirlo. (Quizá ocurra, por ejemplo, la destrucción del holocausto, precedido por la ejecución masiva de comunistas y masones —como no ocurrió bajo el dominio nazi, según Borrego, pues no hubo holocausto sino un “holocuento” inventado por la propaganda judía).

Antifascismo

Inmediatamente después, Borrego mostró las consecuencias que en México ha tenido o está teniendo esa “derrota mundial”:
Su principal intención es debilitar al pueblo, debilitarlo con todo, como le dije, con drogas, con aborto, con las crisis económicas, con el homosexualismo, que le están dando mucho vuelo a eso; se presentan gobernantes y medios de información ¡como que los están ayudando! Como que los están empujando a eso, porque es un orgullo, y los están empujando a adquirir sida, y con el sida los están llevando a la muerte, y no les importa, porque así debilitan a la juventud.

Bien, me dirán ustedes. Esa es la ultraderecha y dentro del PAN hay sectores de ultraderecha desde su origen, como mostró recientemente Rafael Barajas,El Fisgón (en este brillante ensayo). No nos extrañemos, pues, de este tipo de argumentaciones y sus derivados: antisemtismo y otras variantes de racismo y xenobia, así como la homofobia, la penalización del aborto, la exigencia de la pena de muerte, la intolerancia y la discriminación. O, como dice El Fisgón sobre lo que parece resultar de la raíz nazi de cierta derecha:
la promesa democrática como medio para imponer una visión autoritaria, tradicionalista y clerical, el discurso humanista que encubre la disposición a sacrificar a miles de personas por un fin superior (ya sea acabar con el comunismo, el populismo o las drogas), el recurso de convertir el odio a un enemigo en una causa sagrada (llámese Stalin, Cárdenas, Lombardo Toledano o López Obrador), la idea de que hay grupos humanos inferiores que no tienen derecho alguno (ya sean judíos, chinos, nacos o delincuentes) y la disposición a someterse a las lógicas de un imperio (llámese el Tercer Reich o Washington).

Efectivamente, en entradas anteriores (las dedicadas a Enrique Sada Sandoval y a los monarquistas mexicanos) hemos visto cómo estas actitudes y estas posiciones políticas se complementan con la calumnia y el insulto personal como armas del debate, para el debate. Pero así actúa la ultraderecha y por eso la combatimos.

Lo que es realmente preocupante es que crecientes sectores de la izquierda compartan el antisemitismo y las actitudes homofóbicas y discriminatorias, y empleen sistemáticamente la calumnia (cada vez más atroz) y el insulto (cada vez más prosaico) como elementos clave de cualquier debate. Verdaderamente, creo que habrá que ocuparse en serio del señor Alfredo Jalife-Rahme, prototipo de esa “izquierda”.

http://elpresentedelpasado.com/2013/06/21/nazis-entre-nosotros/

En dos años, 8 casos de exclusión y vejaciones

Periódico La Jornada
Redacción
Lunes 5 de mayo de 2014, p. 4

25 de febrero de 2013: una mujer indígena muere por una infección en la matriz tras estar en coma un año, debido a que los médicos de un hospital del IMSS de Miahuatlán, Oaxaca, le dejaron unas tijeras dentro del cuerpo tras atender su parto.

6 de noviembre de 2013: Aeroméxico le impide abordar uno de sus vuelos a siete indígenas que iban a viajar de Oaxaca a Hermosillo, por supuestas razones operacionales. Meses antes, una empresa productora emitió una convocatoria para hacer publicidad a la misma aerolínea, pero pidió que nadie moreno asistiera, ya que estaban buscando sólo a personas de tez blanca y look Polanco.

12 de noviembre de 2013: a la estudiante guatemalteca Rosa Liberta Xiap Riscajche, ataviada con la vestimenta tradicional de la etnia maya-k’iché, le impiden ingresar a una cafetería en San Cristóbal de las Casas, luego de que una mesera le ordena a gritos no entrar a vender.

18 de febrero de 2014: una mujer indígena da a luz en el jardín de un hospital del municipio de Villa de Tututepec, Oaxaca, por no encontrar quien la atendiera en ese sitio.

20 de febrero de 2014: una adolescente indígena es arrestada y sometida con exceso de fuerza por la policía de Acapulco, supuestamente por haber robado una botella de agua de un supermercado. Tras conocerse el caso en redes sociales, fueron cesados tres agentes.

26 de febrero de 2014: una indígena de 18 años de edad dio a luz a su hijo en el baño de un hospital comunitario de La Paz Tejomulco, Oaxaca, luego de que el personal se negó a atenderla por considerar que el parto no iba a ocurrir en ese momento.


5 de marzo de 2014: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos investiga a la directora de una escuela primaria del municipio de Tila, Chiapas, por llamar despectivamente indios a los niños y obligarlos a comer en el suelo.

Incuestionable, el racismo en México

  • La discriminación, ”invisibilizada” en el discurso oficial
  • El gobierno hace nación mediante la homogeneidad; los diferentes están obligados a perder su identidad: académicos


Fernando Camacho Servín
Periódico La Jornada
Lunes 5 de mayo de 2014, p. 2


El carácter racista de la sociedad mexicana es un fenómeno incuestionable, surgido desde la época de la Colonia, cuando las clases dominantes establecieron todo un sistema de castas para justificar sus privilegios, señaló Alicia Castellanos, profesora-investigadora del departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Iztapalapa.

Aunque el discurso formal sobre este aspecto ha cambiado en más de 400 años, detalló la académica, estas jerarquías quedaron profundamente arraigadas, estableciendo en el imaginario social la categoría de raza y asociándola a la supuesta inferioridad o superioridad de pueblos y culturas, reforzándola con frases del tipo: No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre o hay que mejorar la raza.

El racismo ha sido invisibilizado durante años con el discurso de que México es una sociedad mestiza, donde todos somos iguales, pero se pasa por alto que en esa supuesta igualdad los lugares más altos los ocupan quienes más se alejan de lo indio y se acercan a lo blanco, afirmó la especialista.

Desde el siglo XIX, pero con mayor fuerza después de la Revolución, el gobierno “hace nación mediante la homogeneidad, de una ‘mestizocracia’ donde se busca asimilar a los diferentes”, quienes están obligados a dejar atrás su identidad, resaltó Castellanos.

La posibilidad de superarse

Una característica peculiar del racismo a la mexicana, coincide Emiko Saldívar, profesora del departamento de Antropología de la Universidad de California en Santa Bárbara, es que brinda a los diferentes la posibilidad de asimilarse al canon mestizo como una forma de mejorar.

“El racismo en México es de asimilación, no de segregación. Se piensa que es más benigno porque te dice ‘si te pones abusado, haces alguna alquimia y te adaptas, ya no vas a ser víctima de discriminación’, cuando el verdadero problema es que eso sea una opción”, enfatizó.

Otro rasgo singular de este fenómeno a nivel local es que, a diferencia de naciones donde la división racial es muy clara, en México las posibilidades de combinación son enormes, lo que da lugar a un juego de apariencias en donde una misma persona puede ser discriminada en cierto ámbito, pero privilegiada en otro.

En un contexto eres el güero del grupo, en otro el más moreno y en uno distinto eres igual que los demás. Esa relatividad nos permite pasar de víctimas a victimarios, en una dinámica en la que una persona puede quejarse de que no la dejan entrar a un antro porque es morena, pero al mismo tiempo se cambia de banqueta si ve a alguien más moreno que él, apuntó Mónica Moreno Figueroa, académica del área de Sociología y Política de la Universidad de Newcastle, Inglaterra.

Despreciados por su físico

Aunque el racismo es una práctica de la cual no se habla a nivel institucional y que pocas personas admiten, la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010, elaborada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), refleja que 23 por ciento de los habitantes del país no estarían dispuestos a vivir con alguien de otra raza o con una cultura distinta.

De igual forma, 55 por ciento de los y las mexicanas admiten que en el país se insulta a los demás por su color de piel, pero de ese total, 11 por ciento justifican que así sea o están de acuerdo con que los indígenas son pobres porque no trabajan lo suficiente.

Además, 20 por ciento de las personas se sienten a disgusto con su tono de piel, 24 por ciento se han sentido discriminados por su apariencia física y 5.5 por ciento consideran negativo que la sociedad está formada por gente de fenotipos distintos.

Otros estudios, como el realizado por los investigadores estadunidenses Gillette Hall y Harry Patrinos, sobre pobreza y desarrollo en pueblos originarios de América Latina, arrojó que un indígena en México con licenciatura ganaba en 1995 poco más de 3 mil pesos mensuales de sueldo, mientras que un no indígena con el mismo nivel de estudios ganaba más de 6 mil 500.

Un análisis realizado por la Universidad de Texas en 2010 indicó que los mexicanos de piel más oscura tienen 57 por ciento menos oportunidades de ir a la universidad en comparación con los de tez blanca, por lo que sus opciones de trabajo se centran en actividades como empleados domésticos, obreros, choferes y guardias de seguridad.

Impunidad

Al ser un tema poco discutido y analizado, la discriminación por racismo prácticamente no se denuncia en el país, pero aun si esto ocurriera no hay mecanismos legales que castiguen a los infractores, señaló por su parte el presidente del Conapred, Ricardo Bucio.

De acuerdo con cifras de este organismo, de 2011 a lo que va de 2014 sólo ha recibido 15 quejas y reclamaciones por presuntos actos de discriminación racial. En cuatro de esos casos, los posibles afectados eran afrodescendientes y en seis las víctimas aparecen como indeterminadas.

En entrevista, el funcionario explicó que uno de los factores que propician esta carencia es que la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación actualmente sólo le faculta a las autoridades a sancionar a organismos públicos, pero no a individuos o empresas particulares, quienes son más propensos a este tipo de actitudes.

Por otro lado, dijo, el marco legal sobre el tema en las diversas entidades de la República es muy desigual, pues aunque la mayoría de las legislaciones estatales prohíben las actitudes racistas, en muy pocas se han definido mecanismos adecuados para actuar en consecuencia.

Hay algunos estados –como Jalisco, Nuevo León, Sonora y Morelos– donde el tema de la discriminación racial no está tipificado como un delito, al mismo tiempo que otros ya aprobaron la creación de instituciones y leyes para combatir esa práctica, pero no han dedicado un solo peso para hacerlas funcionar, como es el caso de Baja California Sur, Oaxaca y Chiapas, lamentó.

Un dato que ayuda a entender la escasa importancia de este asunto para las autoridades es que México firmó y ratificó en 1975 la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, pero desde ese año y hasta 1996 el gobierno simplemente negó que en el país existiera el racismo, deploró Bucio.

Nos damos vergüenza

El racismo, en opinión de Alicia Castellanos, genera en primer lugar un desgaste enorme de energía, pues la persona siente rechazo y vergüenza de sí mismo, lo que se traduce en un país incapaz de valorar los saberes, las contribuciones y la riqueza de sus pueblos y culturas.

“Los mexicanos nos damos vergüenza y eso es muy triste. Una vez escuché a alguien decir que había conocido a un chavo muy inteligente, pero que ‘nadie daría un peso por él’ porque era ‘el típico mexicano: chaparrito, flaquito, morenito. Así, muy insignificante’. Si para nosotros insignificancia equivale a mexicanidad, contribuimos a nuestra propia opresión”, aseveró Mónica Moreno.

Otros efectos del racismo, coincidieron las especialistas consultadas, es criminalizar a ciertos grupos por su apariencia física, culparlos de su pobreza, despojarlos de sus recursos naturales o simplemente negarles derechos básicos, como en los casos recientes de mujeres indígenas que han dado a luz fuera de hospitales públicos porque nadie aceptó atenderlas.

Para desmontar las estructuras del racismo, dijeron, haría falta poner en marcha programas de educación intercultural y diseñar una nueva política de medios que no sólo exalte el modelo occidental de belleza, pero, sobre todo, es necesario hablar sobre el tema.


Parte de la solución es exponerlo, abrir espacios donde la gente hable de sus experiencias, ponerle palabras a lo que vives, porque una de las claves para tolerar el racismo en México es poder negarlo, asumirlo como algo natural y de esa forma justificar el privilegio y la desigualdad social, recalcó Emiko Saldívar.

http://www.jornada.unam.mx/2014/05/05/politica/002n1pol

Desprecio, burla y miedo, las reacciones ante el paso de un huichol por calles de Polanco

Fernando Camacho Servín

Periódico La Jornada
Lunes 5 de mayo de 2014, p. 4
¿Y tú qué estás haciendo aquí?

La pregunta me dejó mudo. Sobre todo porque es evidente que lo único que estaba haciendo ahí –en la banca de un camellón– era estar sentado, sin mover un solo músculo. Si no tuviera puesto un traje huichol, no sé si alguien me habría cuestionado de esa forma.

De pie frente a mí, el agente de policía F. Zúñiga –así dice su placa, aunque la traiga al revés– no me quita la vista de encima en espera de mi respuesta. No sé si es porque mi disfraz no lo convence o porque mi apariencia no encuadra en el paisaje dominical de la colonia Polanco.

Pasan los segundos y yo sigo sin saber qué contestar. Lo único que sé es que a su modo, sin querer, es él quien me está ayudando a responder la pregunta que me trajo a esta banca: ¿los mexicanos somos racistas?

Si hubiera hecho una encuesta sobre el tema para escribir un reportaje sobre el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial –que se conmemora cada 21 de marzo–, algo me dice que todos habrían contestado con un rotundo no.

Por eso, la mejor idea que se le ocurrió a este reportero fue conseguir un traje indígena –amablemente rentado por el artesano wixárika Jesús Carrillo– y caminar por las calles de una de las zonas más ricas y exclusivas del Distrito Federal.

Luego de un viaje en Metro, donde paso casi totalmente desapercibido, llego a la avenida Homero a esperar al fotógrafo que me acompaña en este experimento. Antes de 15 minutos, F. Zúñiga se me acerca para preguntarme de dónde es mi traje, y cuando le contesto huichol, hace un gesto de admiración enfatizado con el pulgar arriba.

Pero la simpatía acaba en un segundo porque de inmediato me suelta a bocajarro: ¿Y tú de qué la giras? Me llama la atención que me tutée casi con altanería, como si me conociera.

Se me ocurre decirle que soy artesano, pensando que su curiosidad va a terminar ahí, pero en vez de eso se suelta con un interrogatorio en toda regla: ¿De qué trabajas?, ¿en dónde vives?, ¿de qué estado eres?, ¿hasta qué año estudiaste?

Mientras atiende mis respuestas inventadas, el policía escucha en su radio la advertencia de un compañero de que en los alrededores hay un sujeto del sexo masculino con un tatuaje. Parece que ya somos dos sospechosos en la misma cuadra.

Cuando llega la pregunta de ¿y tú qué estás haciendo aquí? y finalmente contesto esperando a un amigo, aparece el fotógrafo y nos esfumamos.

La siguiente parada es en Plaza Antara. Al caminar por ahí, viendo los escaparates, siento las primeras miradas de curiosidad –algunas discretas y otras descaradas–, pero también de desprecio y de burla.

No escucho un solo insulto, pero percibo la incomodidad de muchos. Dos edecanes de una tienda de ropa, que le ofrecen, con una sonrisa de oreja a oreja, bolsas con un obsequio a todos los que pasan, a mí me brincan olímpicamente.

Seamos justos: no en todos lados la reacción fue mala. Los meseros de los restaurantes de Mazaryk me ofrecen la carta, me dicen buenas tardes; los gerentes de un casino me invitan a pasar; los dependientes de una heladería me sirven de inmediato.

Es la gente común la que reacciona con más racismo. Entro a una tienda de ropa deportiva y me pongo a mirar playeras y pants. Cuando me nota, inmediatamente una mujer le ordena a su hijo: hazte para acá, pero como el niño sigue jugando de panza en el suelo, le repite la orden con una voz en la que ya se adivina la alarma, mientras me mira de reojo.


Decido terminar de arruinarle el fin de semana al acercarme. En ese momento prefiere salirse del lugar con paso rápido, ordenándole a su esposo y a sus hijos: ¡vámonos, vámonos!. Me sorprende entonces descubrir que el sentimiento que vi en sus ojos no era asco, molestia o fastidio. Era, simple y sencillamente, miedo.

domingo, 9 de febrero de 2014

La Rebel realiza insultos racistas

El racismo volvió a aparecer en el futbol mexicano y fue la porra de Pumas 'La Rebel' quienes iniciaron el revuelo en la grada cuando Eisner Loboa, jugador de color del León, tomaba la pelota o participaba en alguna jugada de falta o saque de banda.

La barra felina comenzó con sonidos muy tibios emulando a un simio, pero conforme pasó el partido se hicieron más grandes. El eco resonaba en el Nou Camp y el insulto hacia el colombiano ya era descarado. Luego entró Franco Arizala y siguió el problema.
El sonido local jamás instó a la porra puma a detenerse en su acto, por lo que terminaron burlándose de los jugadores sin reproche alguno. Ante esta situación, Edwin Hernández, lateral Esmeralda, criticó fuerte el hecho y tildó de tontas a las personas que participaron.
"Pues qué gente tan tonta la verdad, estamos en otro momento, en otro Siglo, estamos en una generación de personas que, me imagino, somos pensantes. Se tiene que hacer algo para esto, en México no puede pasar, somos humanos y no importa el color de piel ni la raza", declaró.

El jugador consideró que es una situación complicada, pero declaró que todos los compañeros apoyan a Loboa y Arizala para que no se enganchen con los insultos.
"La verdad que es difícil porque es un insulto, yo apoyo a mis compañeros y a todas las personas que sufren estos insultos. Estoy en contra de todas las estupideces que se dicen en la cancha, pero uno debe estar consciente que somos una familia y hay que apoyarnos", expresó.

Añadió que "a lo mejor mañana platicaremos de esto entre nosotros para hacerlos sentir seguros de que todas esas estupideces que dice la gente arriba se quedan ahí, que tienen que pensar en su familia y trabajar, nada más".

Ahora resta esperar la postura de la Liga MX y su presidente, Decio de María, además de la directiva Puma, para saber cómo van a encarar este hecho, ya recurrente, en el futbol azteca.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Golpean, humillan y discriminan a estudiante mixteca en secundaria del DF


30 DE NOVIEMBRE DE 2013 
DESTACADO

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Una joven mixteca de 16 años denunció que sufre discriminación y fue golpeada por sus compañeros de clase de la Secundaria Técnica número 42 ubicada en la colonia Morelos del barrio de Tepito.
Debido a su origen, en los últimos dos años Angelina ha sido víctima de bullyingy humillaciones. Por si fuera poco, las autoridades también la han discriminado, ya que cuando la menor intentó denunciar las agresiones de sus compañeros, la agencia 50 del Ministerio Público tardó casi un día en atenderla.
Incluso el mismo personal del plantel ha solapado los ataques contra la adolescente.
La joven relató al diario Reforma que ha sido sufrido constantes agresiones verbales y físicas por parte de sus compañeros.
Angelina señaló que es discriminada por su color, su estatura y porque habla un dialecto de Guerrero, por lo cual la ofenden y le dicen “pinche enana, india bajada del cerro a tamborazos”.
Agregó que en una ocasión contó lo sucedido a una maestra y ésta lo único que hizo fue dar una plática sobre discriminación que no cambió en nada su situación.
La joven ha sido insultada, le han roto su mochila e incluso la han orinado en los baños de la secundaria.
Según el diario Milenio, el jueves 28 la joven fue golpeada por los otros estudiantes dentro del salón de clases, agresión que fue grabada y exhibida en las redes sociales.
Tras el incidente los directivos y maestros del plantel sólo llevaron a Angelina a una oficina y le sugirieron a su madre -quien no habla español sino mixteco- que llevara a Angelina al médico porque recibió varios golpes, entre ellos una patada en la cara.
Durante el ataque sus compañeros le cubrieron el rostro con una sudadera.
Ese día por la noche sus familiares, incluida su madre Cecilia Reyes, la llevaron a denunciar la agresión ante el Ministerio Público, pero su queja fue desoída por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).
Martina Reyes, de 42 años y tía de Angelina, acusó que el MP se negó a iniciar la averiguación previa con el argumento de que ella no era la madre de la víctima.
Angelina regresó a casa sin recibir atención médica y con las huellas de los golpes en su rostro.
La familia ha denunciado en varias ocasiones la situación ante las autoridades del plantel, que han prometido soluciones pero al final no han resuelto nada.
Fue hasta la tarde de este viernes 29, cuando la adolescente dio a conocer su caso, que el Ministerio Público decidió atender la denuncia.
El acoso constante ha influido en el rendimiento académico de la menor, quien ha disminuido sus calificaciones.
A pesar de los ataques, Angelina afirmó que no piensa dejar sus estudios porque quiere ser médico cirujano.