martes, 30 de octubre de 2007

Mosaico de egos: Racismo en Coahuila

El racismo está por todos lados: en la mercadotecnia, en una entrevista de trabajo, en los restaurantes y en general en cada uno de los negocios, lugares o establecimientos que se apeguen al NRDA


Voy a relatar un caso reciente y particular.

Escena uno: Felipe Baloy, defensa central del equipo de futbol Rayados de Monterrey, anota un gol en el juego disputado en el Estadio Corona de Torreón entre éstos y el Santos Laguna. A partir de entonces, cada que toca el balón comienza a ser insultado por un sector de la tribuna preferente quien emite sonidos que semejan los de un mono, además de gritarle “come bananas” y “pinche chango” (sábado 5 de agosto de 2006).

Escena dos: Bernie Tatis, manager de los Sultanes de Monterrey, ingresa al terreno de juego en el parque de beisbol Francisco I. Madero de Saltillo a reclamar una decisión del ampayer quien, sin ningún consentimiento y en un afán protagónico, lo echa del diamante. Luego de lo anterior, una sección de aficionados de los Saraperos empieza a emitir los mismos sonidos que emulan el gesticular de un chimpancé, mientras el entrenador abandona el campo (jueves 17 de agosto de 2006).

Ambos deportistas afroamericanos, panameño uno, dominicano el otro, son víctimas de la imitación que los coahuilenses han hecho de las posturas que los fanáticos europeos vienen desarrollado de un tiempo a la fecha y que por supuesto han sido televisadas —de ahí su plagio—: el racismo en las canchas deportivas.

El tema no es nuevo ni mucho menos escandaliza. La FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación) reprendió enérgicamente durante el pasado Mundial de Alemania los actos discriminatorios; muy de moda en las canchas deportivas del viejo continente.

En Coahuila, el tema trascendió por tratarse de las primeras manifestaciones ofensivas que surgen en un acto público. Sin embargo, la persona que paga un boleto tiene derecho a disfrutar del espectáculo y, en ese sentido, desfogar sus sentimientos de aprobación o reprobación, apoyo o denuesto, en relación con los artistas o deportistas implicados.

En cambio, cuando dichos actos se convierten en moneda común debido a su repetición constante y, por el contrario, nadie dice nada, el tópico comienza a preocupar ya que los casos arriba señalados no son sino un reflejo de lo que sucede en las calles, pues el racismo está por todos lados: en la mercadotecnia, en una entrevista de trabajo, en los restaurantes y en general en cada uno de los negocios, lugares o establecimientos que se apeguen al NRDA (Nos reservamos el derecho de admisión), por citar algunos ejemplos.

En ese sentido, Carlos Manuel Valdés e Ildefonso Dávila, en el libro Esclavos negros en Saltillo, editado por el Archivo Municipal de Saltillo en colaboración con la Universidad Autónoma de Coahuila, nos regalan una espléndida crónica titulada “Saltillo: esclavista, racista y plurirracial”.

Ambos autores señalan: “(En los siglos 17 y 18) El racismo en nuestra villa era de tipo declaratorio, oficial y oficioso. Las castas inferiores no podían tener acceso a determinadas esferas. Un matrimonio entre español y sangre sucia no era bien visto, sobre todo cuando ello conllevaba un costo real en pesos o cuando el cónyuge menos puro no aportaba una dote llamativa para los padres del otro contrayente.

“En la vida diaria, la raza a la que se pertenecía era un factor de importancia para ser respetado y considerado. Ser negro, mulato o indio en cambio, no implicaba enormes diferencias”.

Así también, en un ambiente que ambos autores se atreven a definir como “cerrado, moralista y chismoso”, es decir, semejante al que se mantiene a la fecha, “En Saltillo se encontraron pocos negros. Casi todos provenían de fuera. De Santo Domingo, de México y de Texas. En el censo de 1777 los negros son sólo el 1% de la población. En nuestros expedientes son el 13.3 por ciento (…). En Saltillo se vendieron más esclavos blancos (el 13.8%) que negros (el 13.3%). La mayoría eran color cocho (47.7%), es decir, simplemente morenos”.

Cortita y al pie

Retomo un párrafo esclarecedor de Esclavos negros en Saltillo: “La mezcla de sangres en nuestra ciudad (europea, india, negra) es un hecho incontrovertible y es posible que muchos saltillenses pudieran contar entre sus ascendientes tanto a esclavistas como a esclavos.

“La población negra no existe ya en Saltillo, pero los genes africanos, al igual que los de los indios y europeos, deben estar aún danzando. La negritud desapareció bajo los embates de una sociedad con una moral muy rígida, tal vez, pero matizada por un permanente diálogo entre el deseo y la necesidad”.

La última y nos vamos

De aquí entonces que discriminar sea un patrón de conducta cultural y acaso también hereditario, pues a final de cuentas representa, para quien lo hace, en este caso los saltillenses, una forma de superar sus debilidades y de vengar sus frustraciones. Es todo.


carlos_plata01@hotmail.com

http://noticias.vanguardia.com.mx/d_i_559956_t_Mosaico-de-egos:-Racismo-en-Coahuila.htm