lunes, 5 de noviembre de 2007

El vasconcelismo: desprecio por lo indio (Primera de dos partes)

Rosario Manzanos

México, D.F., 22 de octubre (apro).- Es tradicional asociar a José Vasconcelos, artífice de la cultura mexicana moderna, con la glorificación de los pueblos precolombinos e imágenes idealizadas de emperadores indios como titanes de puños de acero, y de bellísimas reinas de curvas sensuales.

Sin embargo, basta una hojeada a su libro La Raza Cósmica, publicado en 1925, para ver que, por el contrario, sentía un profundo menosprecio por las civilizaciones indígenas. Afirma ahí que parte de la mítica Atlántida --un continente de cuya existencia no se conoce ni la más remota prueba científica-- estuvo ubicada hace miles de años en lo que hoy es América, antes de desaparecer misteriosamente.

“La raza atlántida prosperó y decayó en América. Después de un extraordinario florecimiento… fue decayendo hasta quedar reducida a los menguados imperios azteca e inca, indignos totalmente de la antigua y superior cultura”, sostiene.

Vasconcelos parece no tener en cuenta las extraordinarias creaciones arquitectónicas, escultóricas y pictóricas de olmecas, toltecas, mayas, teotihuacanos e incas --para nombrar sólo algunas culturas indígenas-- ni la perfección de la lengua náhuatl (hablada por los aztecas) o la quechua, de los incas). Parece ignorar la poesía sublime del rey texcocano Nezahualcóyotl, que tanto tiempo ha permanecido semioculta debido a la escasez de propaladores como fray Bernardino de Sahagún (Historia General de las Cosas de la Nueva España) y su moderno continuador, el sacerdote y estudioso Ángel María Garibay (Historia de la Literatura Náhuatl, entre otras publicaciones).

Asombra su ignorancia científica y la osadía de sus argumentaciones. Y no sólo cuando habla de “leyes” de fusión racial. Si, como sostiene, la Atlántida alguna vez existió y luego desapareció, debió haber sido durante la deriva de los continentes, es decir, decenas o cientos de millones de años antes de que existiera el ser humano.

En su libro pronostica que las cuatro razas --negra, roja, amarilla y blanca-- se encaminan a fusionarse en una sola raza superior que florecerá en América y tendrá todas las virtudes de cada una de las razas componentes, y ninguno de sus vicios, ya que no se basará en los “bajos instintos zoológicos” sino en el “instinto de la belleza”.

Afinidad con el nazismo

La filosofía de Vasconcelos presenta inquietantes coincidencias con la de Adolfo Hitler, el líder de la Alemania que exterminó hasta 1945 a varios millones de hombres, mujeres, y niños indefensos por considerarlos “de raza inferior”.

En 1940 --en plena segunda Guerra Mundial-- Vasconcelos escribía en la revista pro-nazi Timón, presuntamente financiada por la Alemania de Hitler.

No se trata de negar el inmenso impulso que Vasconcelos dio a la educación en una nación cuyos indicadores culturales dejaban --aun hoy-- muchísimo qué desear. Pero, uno de los puntos cruciales es ver de qué educación se trataba. Probablemente, en la Alemania de Hitler no faltaba presupuesto para escuelas.

La mayoría de las naciones hispanoparlantes acaba de celebrar el 12 de octubre el Día de la Raza, para conmemorar la fecha en que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo. Sin embargo, para muchos ese acontecimiento marca el comienzo del exterminio de millones de seres humanos y de un genocidio cultural por medio del “cubrimiento” de América.

Vasconcelos dice que “una religión como la cristiana hizo avanzar a los indios americanos, en pocas centurias, desde el canibalismo hasta la relativa civilización”.

Es cierto que algunos historiadores calculan que los sacrificios humanos perpetrados por los aztecas alcanzaban decenas de miles por año. Además, es sabido que se comían a los cautivos de guerra. Pero Vasconcelos no menciona que ya en 1552 Bartolomé de Las Casas (Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias) denunciaba que las “tiranías e infernales obras de los cristianos” cobraron la vida quizá de más de 15 millones de indios.

Vasconcelos tampoco dice que la civilización traída por España, incluía el Tribunal de la Inquisición, mediante el cual la Iglesia católica enviaba a los “herejes” a la hoguera. (Aún hoy se distribuyen en la catedral y otras iglesias de México folletos firmados por un tal “Pedro Sembrador” que minimizan los crímenes cometidos por la Inquisición.)

La práctica de quemar seres humanos era común en la España de entonces. En una de sus cartas al emperador Carlos V, Hernán Cortés cuenta cómo envió a la pira a 17 súbditos del ya prisionero emperador azteca Moctezuma. (Notablemente, el cronista de Indias, Antonio de Solís, se limita a decir que fueron quemados sus cuerpos, sin aclarar que estaban vivos).

Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés, refiriéndose a ése y otros sucesos, relata en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España cómo les derribaban a los indios “sus malditos ídolos” y añade: “digo que nuestros hechos que no los hacíamos nosotros, sino que venían todos encaminados por Dios”.

Cortés cuenta también cómo ordenó amputarles las manos a 50 espías tlaxcaltecas:

“Los mandé tomar a todos cincuenta y cortarles las manos, y los envié que dijesen a su señor que de noche y de día y cada cuando él viniese, verían quiénes éramos.”

Vasconcelos no está solo

El autor de La Raza Cósmica no es el único que elogia los efectos del cristianismo sobre los indios: Fray Toribio Motolinía --el “defensor de los indios” que criticaba fieramente al padre De Las Casas-- escribió en 1555 una carta a Carlos V en la que decía que “los indios de esta Nueva España están bien tratados” y que Cortés tenía “muy gran deseo de… morir por la conversión de estos gentiles”.

El mismísimo Sahagún --quien en su monumental obra ofrece, entre otros aspectos, el punto de vista de los vencidos-- afirma que por el brazo de Cortés “hizo Dios nuestro señor muchos milagros en la conquista de esta tierra… para que los predicadores del Santo Evangelio entrasen a predicar la fe católica a esta gente miserabilísima…”

“La raza redentora”

Ahora bien, aun cuando Vasconcelos sostiene que aztecas e incas eran indignos de su pasado de la Atlántida, dice también que pueden “redimirse”. ¿Cómo? Muy sencillo: Cuando se fusionen con las otras razas para crear una sola raza síntesis. Pero, ¿de qué tienen que redimirse las cuatro razas actuales?

Refiriéndose al indio, dice: “supo tanto, hace tantos miles de años, y ahora parece que se ha olvidado de todo”, y agrega que no tiene otro camino que el de la civilización latina por medio del “injerto” en la raza cósmica.

Agrega que en algunas décadas de “eugenesia estética podría desaparecer el negro, junto con los tipos que el libre instinto de hermosura vaya señalando como fundamentalmente recesivos e indignos… de perpetuación”. El negro está “ávido de dicha sensual, ebrio de danzas y desenfrenadas lujurias”.

Llama a la sajona “raza prodigiosa” y dice: “parece que Dios mismo” conduce sus pasos. Sin embargo, la raza sajona cometió el pecado de destruir a otras razas… los días de los blancos puros están contados… Al cumplir su destino de mecanizar el mundo, ellos mismos han puesto, sin saberlo, las bases de… la fusión y la mezcla de todos los pueblos… Tampoco es fácil convencer al sajón de que si el amarillo y el negro tienen su tufo, también el blanco lo tiene para el extraño.”

De los malayos, dice: “se asegura que nadie les gana en cautela y habilidad, y aun, si es necesario, en perfidia.” También afirma: “no es justo que pueblos como el chino, que bajo el santo consejo de la moral confuciana se multiplican como los ratones, vengan a degradar la condición humana”.

http://www.proceso.com.mx/columna.html?col=13&nta=54592&ncol=Reporte