domingo, 11 de noviembre de 2007

No son prioridad nacional: Indígenas, “usados y desdeñados”

Por: Martín Morales , Reportero

Semana del 7 al 13 de octubre de 2007

07 de octubre de 2007 | Número Epoca II Año II No. 26

“Alguna vez propuse a un gobernador electrificar una región, y me dijo: ’Cuatro millones es mucho dinero; con dos cajas de aguardiente compro sus votos’”, afirma Xóchitl Gálvez, ex funcionaria en el sexenio de Fox


“Un secretario de Estado me afirmó: ‘¿Cómo dices? ¿Hacer políticas para los pueblos indígenas?, ¡pero si todos somos iguales!’, y yo le dije: ‘Sí, señor secretario, pero unos son más iguales que otros…’. La verdad todavía existe un gran desdén y no aplica menosprecio tremendo hacia los indígenas en nuestro país”, dice en entrevista con QUEHACER POLÍTICO la ex titular de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), Xóchitl Gálvez.


“Y así te podría contar miles de anécdotas de gobernadores; por ejemplo, alguno que le propuse electrificar una región y me dijo: ‘Cuatro millones es mucho dinero, con dos cajas de aguardiente compro sus votos’… así, pero también algún funcionario a quien le hice la propuesta de resolver un conflicto agrario que tenía 50 años, me dijo: ‘Bueno, si se han peleado 50 años, a mí me quedan dos en el puesto, mejor administro el conflicto’”, señala la ex funcionaria, quien pide no revelar los nombres de los personajes que menciona para no abrirse un frente de conflicto personal en este momento, dice, aunque en sí mismos sus comentarios ponen en evidencia la actitud que prevalece dentro de los gobiernos respecto a los indígenas.


“INDÍGENAS PINTORESCOS”


Ellos no constituyen una prioridad nacional ni forman parte de la agenda de la reforma del Estado; son indígenas mexicanos que integran la escenografía de los mítines de mayor impacto emocional durante las campañas electorales, usados como “extras” en las fotos de primera plana donde se muestra la bondad de presidentes y gobernadores en gira por las zonas donde los nativos tienen una presencia relevante, y personajes-objeto para aliviar las culpas de aquellos espíritus atormentados que de pronto deciden hacer algo por “salvar” a esos “indígenas pintorescos”.


“Los indígenas del país –poco más de 12 millones–, según la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) siguen siendo un pendiente nacional; yo no veo que sean un tema de la reforma del Estado, excepto del PRD que lo toca a ratos; ya no es un tema prioritario en la agenda de país o dejó de serlo”, explica Gálvez.


La ex titular de la CDI afirma que en la salvedad hay intentos como los del presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados, el perredista Marcos Matías, quien ha impulsado algunos foros de discusión sobre temas indigenistas, pero nada más.


Sobre la presente actual Comisión de la cual está al frente Luis H. Álvarez, ex comisionado para la Paz en Chiapas, Gálvez apunta concretamente que lo más importante ha sido hasta el momento que se hayan retomado algunos de los planes y acciones puestos en marcha durante su gestión.


Sobre la confección de las políticas públicas derivadas del Plan Nacional de Desarrollo (PND) estima que se requiere mejorarlas con criterios amplios y mejor informados sobre la naturaleza, condiciones reales, cultura indígena, además de aplicar sistemas mejorados de fiscalización en torno a la ejecución de los programas de gobierno que suponen la entrega de recursos directos.


La supervisión de la aplicación del gasto es muy importante, anota, porque “los indígenas son seres humanos de carne y hueso con virtudes e imperfecciones; hay liderazgos que creen que los apoyos oficiales son una especie de dádivas en efectivo, porque políticos y otros abusadores les han enseñado a verlo de esa manera, incluso para beneficiarse ellos directamente”.


Es un tema muy complejo, por eso “se requiere analizarlo desde todas las aristas para afrontarlo y resolverlo; la más importante, yo diría, es tomar en cuenta que no se reduce sólo a un tema de pobres”


PERSPECTIVAS REALES


Por décadas se ha asociado el paternalismo y otorgamiento de apoyos directos a la compra de conciencias de cara a los procesos electorales, o sólo para sofocar levantamientos, malestares y críticas sociales con lo que se desvaneció la verdadera perspectiva de su situación.


El requisito para delinear políticas públicas eficientes en los hechos, radicaría en investigar y analizar objetivamente su situación para brindarles opciones de solución a sus necesidades básicas, a las derivadas de sus condiciones específicas, y todo con respecto a su diversidad cultural.


Hay necesidad de una mayor objetividad “porque de repente hay planteamientos demasiado románticos, de que los indígenas tenemos una relación espiritual con la tierra y por eso no la vendemos, pero no es cierto, se vende y se revende; gran parte de las broncas por la tierra es por eso; algunos comisariados ejidales se han vuelto muy corruptos, les han llegado al precio a espaldas de su pueblo”, expresa Xochitl Gálvez en la entrevista.


“A veces pareciera que todo lo que hacen los pueblos indígenas es maravilloso, pero tampoco es cierto, hay violaciones a los derechos humanos de las mujeres, de los niños; hay control político por parte de muchos liderazgos indígenas”.


Gálvez comenta sobre “un comité de obras del municipio de Metlatonoc que pidió la construcción de una carretera que costó cerca de 400 millones de pesos, la cual se dejó prácticamente pagada, porque en este 2007 ya sólo se le metieron como 60 millones, pero descubrimos que ese comité extorsionaba a las constructoras pidiéndoles un millón de pesos a cada una para dejarlas trabajar; eran los líderes del grupo quienes por supuesto no les decían a su gente que estaban extorsionando a los constructores”.

También indica que desde el primer año de gestión dio dinero de apoyo a organizaciones indígenas, las cuales nunca le comprobaron el gasto y, sin embargo, tiempo después iban a su oficina a solicitar más apoyos. “La Contraloría investigó y comprobó que no existían los proyectos para los cuales habían pedido los recursos, y así vi muchas cosas parecidas”.


Pone de relieve entonces que es indispensable abordar la problemática indígena con base en análisis objetivos y con un trabajo constante directamente con las comunidades, porque es ahí donde se visualiza la realidad y se aprende de ella.

DISTINTOS POTENCIALES


Entre los errores que pueden cometerse en la definición de las políticas públicas para grupos indígenas señala la falta de criterios objetivos porque los programas se elaboran de manera técnica y homogénea, sin tomar en cuenta las diferencias entre los mismos grupos étnicos.


Xóchitl Gálvez expone en la conversación con QUEHACER POLÍTICO que, por ejemplo, “los yaquis tienen 400 mil hectáreas maravillosas en el Valle del Yaqui; su problema no es de pobreza, sino de liderazgos, organización, de divisiones internas en la tribu; les falta asistencia técnica, pero tienen riqueza, poseen el Valle del Mayo y del Yaqui, que es súper productivo, aunque mucha gente se dedica a rentar tierra, a vivir un poco de la renta y un poco del subsidio”.


En contraparte, precisa, “no es el caso de la enorme marginación de los tarahumaras o de los grupos asentados en la montaña del estado de Guerrero, porque en este último caso ¿qué siembras en la montaña?, por eso se van de jornaleros agrícolas en unas condiciones de vulnerabilidad verdaderamente impresionantes”.


Al respecto de los criterios de las políticas públicas del ramo, los documentos base de la CDI reconocen que “la evaluación de las políticas públicas, programas y acciones relacionadas con el desarrollo integral de los pueblos indígenas, es una de las tareas sustantivas que (debe) diferenciar a la CDI de su antecesor, el Instituto Nacional Indigenista (INI)”.


Argumenta que el diseño de las políticas con base en acciones previas dirigidas a “obtener información y valorarla”, además de contar “con un punto de referencia que permita incidir, orientar y eventualmente proponer las adecuaciones pertinentes a objetivos y mecanismos de operación de los instrumentos que llegan a la población indígena”.


GRANDES REZAGOS


En la descripción de los rezagos de los pueblos indígenas, posee una participación determinante el concepto de desarrollo, para dar viabilidad a las comunidades aborígenes con apoyos y servicios públicos, y la otra, como modificación de su cultura para convertirlos en “ciudadanos modernos”.


En este marco, las autoridades federales y estatales han puesto especial atención en el crecimiento de acuerdo con el modelo económico, social y político predominante en el país, basado en los factores del mercado, sustancialmente.


Se mide el “monolingüismo” de las comunidades, es decir, la cantidad de indígenas que sólo hablan su lengua natal, pero no usan el español. En este sentido, el reporte 2006 de la CDI señala que en ese rubro hubo una reducción del monolingüismo en las regiones indígenas; “pasó de 19.5 por ciento en el año 2000, a 13.9 por ciento en 2005”.


Luego precisa que “tres regiones indígenas redujeron sustancialmente el monolingüismo en su interior; Los Altos de Chiapas, la montaña de Guerrero y el norte de Chiapas, todos ellos en más de diez puntos respecto del mismo indicador en el año 2000”.


Y manifiesta que, sin embargo, el número de personas que no hablan el español continua siendo muy elevado tanto en Los Altos de Chiapas como en la montaña de Guerrero, en tanto la región indígena con menor proporción de integrantes monolingües es la chontal de Tabasco, que tiene menos de medio punto porcentual


Otro es el analfabetismo, sobre el cual se indica que “entre la población indígena en el nivel nacional, aun cuando presentó una disminución respecto del año 2000, sigue siendo muy alto, ya que más de una cuarta parte de la población indígena de 15 años y más no sabe leer ni escribir”.


Refiere también que en el ámbito nacional el acceso a los servicios públicos en las viviendas indígenas “se encuentra muy por debajo de los valores promedio nacionales, siendo el suministro eléctrico el que presenta el porcentaje más elevado con 89.1 por ciento de las viviendas, seguido por el agua entubada, presente en siete de cada diez casas, y poco más de la mitad cuenta con servicio de drenaje”


En cuanto al piso de tierra, “éste se encuentra presente en 38 de cada 100 viviendas indígenas. Dentro de estas regiones, 87.75 por ciento de las casas cuenta con electricidad y 66 por ciento con agua entubada; 45.7 por ciento tiene drenaje y todavía más del 40 por ciento tiene piso de tierra”.


Es de destacarse el reconocimiento que se hace a la disparidad en la dotación de servicios, la cual “es evidente entre las regiones, pues mientras que más de la mitad de las viviendas se encuentran electrificadas por arriba del 90 por ciento, existen otras con menos de 30 por ciento de casas electrificadas, tales como la tarahumara, con 22.5 por ciento, y el Gran Nayar, con 27.9 por ciento”.


Con respecto a la dotación de agua entubada, “nueve regiones se ubican por encima del nacional indígena, mientras que cinco de ellas –tarahumara, huicot, montaña de Guerrero, Cuicatlán, Mazateca Tehuacán y Zongolica, así como la huasteca–, se encuentran por debajo de 50 por ciento de las viviendas con acceso al servicio; además de ellas, en cinco regiones más el servicio de agua no alcanza siquiera 60 por ciento de las viviendas indígenas”.


Y en el caso del drenaje “la situación muestra aún más rezagos, ya que 16 regiones indígenas no alcanzan ni 50 por ciento de las viviendas con drenaje, siendo los casos extremos la tarahumara y la huicot con 7 y 12 por ciento, respectivamente”.


Asimismo, “más de 50 por ciento de las viviendas en 12 regiones indígenas tienen piso de tierra. Los casos extremos se ubican en la tarahumara, huicot y montaña de Guerrero, en donde más de tres cuartas partes del total de viviendas particulares cuentan con piso de tierra”.



EN PERSPECTIVA



Sobre las perspectivas sobre este asunto, la ex comisionada para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Xóchitl Gálvez, acota en la entrevista con este semanario que “los indígenas están cada vez más conscientes de sus derechos y sus obligaciones, pero sobre todo tienen claro que el futuro sólo lo podrán construir con base en trabajo y organización”.

Las autoridades, por su parte, deben tomar en cuenta sus propias formas de ver la vida a través de la cultura que han heredado, cuyos conceptos no necesariamente coinciden con los de los mestizos


Añade, por ejemplo, que un indígena puede adquirir deudas hasta por tres años de trabajo con tal de tener los recursos necesarios para ser mayordomo, lo cual probablemente no tiene relevancia desde el punto de vista mestizo, pero para ellos es un honor.

“La identidad indígena es profunda y su realidad muy compleja; quieren conservar lo que son, pero necesitan servicios, agua, salud, entre otros, para vivir mejor; un tarahumara me dijo una frase que resume esto: ‘Queremos seguir siendo lo que somos, pero vivir mejor’”, remata.


Derechos indígenas


Los derechos de los indígenas, culturales, sociales, entre otros, son todavía socavados y escamoteados en pleno siglo XXI con los argumentos de que legalmente no puede haber ciudadanos de primera y de segunda, ni zonas extraterritoriales y estados regionales por encima del Estado nacional mexicano, y más recientemente que son iguales como factores de mercado y por lo tanto deben ser adiestrados para el trabajo moderno.


Los indígenas que ocupaban las tierras que hoy se definen como México, hace más de 500 años han sostenido una larga lucha por salvaguardar sus culturas y la posesión de sus territorios ocupados ancestralmente, ahí precisamente donde la naturaleza la proporcionó, acceso al agua y otros bienes para su subsistencia.



Primero fue su lucha en el marco de la expedición de las Leyes de Indias, luego la búsqueda de los objetivos de emancipación, fortaleciendo el movimiento independentista del siglo XIX y el revolucionario del siglo XX e, incluso, otros movimientos sociales posteriores como el de 1994 en Chiapas.


Derivado de las negociaciones Gobierno-EZLN, luego del inicio de aquella movilización de alto impacto público con todo y declaratoria de guerra contra el Estado mexicano desde la selva lacandona, en el 2001 el Congreso de la Unión aprobó una reforma –Ley Cocopa– que por primera ocasión en la época moderna reconocía derechos indígenas, y los colocó a nivel de la ley fundamental mexicana. Se aprobaron modificaciones a los artículos 1º, 2º, 4º, 18 y 115 de la Constitución, que originaron modificaciones de fondo en las relaciones que habían sostenido hasta ese momento los pueblos indígenas con el Estado mexicano.


Se anexó la prohibición a todo tipo de discriminación por diversidad étnica y cultural, se reconoció la pluriculturalidad nacional y la libre determinación y autonomía de los pueblos indígenas para decidir sus formas internas de convivencia y organización (aunque no formas de Gobierno, autoridades policiacas, entre otros), así como la expedición de sistemas normativos propios.

En 2003 se dio el visto bueno a la Ley de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 21 de mayo de ese mismo año.


(Martín Morales)



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